Omeya-Bizantino
Imitación árabe-bizantina del folis de Constante II.
(650 - 700 DC)
Ceca: Incierta
Anv: Constante II de pie, de frente, con corona rematada por una cruz, sosteniendo una cruz larga en su mano derecha y un globo crucífero en la izquierda.
Rev: M grande, leyenda alrededor.
19,1 MM - 3,94 Gramos
Los llamados Folis "Omeyas-Bizantinos" surgieron durante los siglos VII y VIII en las provincias recientemente conquistadas por los árabes, sobre todo en Siria y Palestina. Estas piezas tomaron como modelo directo los folis bizantinos de Heraclio y sus hijos, conservando la iconografía básica —figuras frontales, grandes letras en el reverso, marcas de ceca— pero ejecutadas con un estilo cada vez más esquemático y local.
Al principio, las imitaciones eran relativamente fieles, pues cumplían la función práctica de mantener un sistema monetario estable en territorios que estaban acostumbrados al numerario bizantino. Con el tiempo, los diseños se fueron simplificando, los retratos se volvieron lineales o casi abstractos, y las leyendas griegas se deformaron hasta quedar irreconocibles, marcando la transición hacia una moneda con identidad propia dentro del mundo islámico temprano.
Estos folis muestran el proceso de adaptación del nuevo poder omeya: continuaron un tipo monetario familiar para la población, pero poco a poco lo transformaron hasta que fue reemplazado por emisiones plenamente islámicas, con inscripciones árabes y sin iconografía figurativa. Representan, por tanto, un momento clave de continuidad y cambio en la historia monetaria del Mediterráneo oriental.
$36.250,00
Omeya-Bizantino
Imitación árabe-bizantina del folis de Constante II.
(650 - 700 DC)
Ceca: Incierta
Anv: Constante II de pie, de frente, con corona rematada por una cruz, sosteniendo una cruz larga en su mano derecha y un globo crucífero en la izquierda.
Rev: M grande, leyenda alrededor.
19,1 MM - 3,94 Gramos
Los llamados Folis "Omeyas-Bizantinos" surgieron durante los siglos VII y VIII en las provincias recientemente conquistadas por los árabes, sobre todo en Siria y Palestina. Estas piezas tomaron como modelo directo los folis bizantinos de Heraclio y sus hijos, conservando la iconografía básica —figuras frontales, grandes letras en el reverso, marcas de ceca— pero ejecutadas con un estilo cada vez más esquemático y local.
Al principio, las imitaciones eran relativamente fieles, pues cumplían la función práctica de mantener un sistema monetario estable en territorios que estaban acostumbrados al numerario bizantino. Con el tiempo, los diseños se fueron simplificando, los retratos se volvieron lineales o casi abstractos, y las leyendas griegas se deformaron hasta quedar irreconocibles, marcando la transición hacia una moneda con identidad propia dentro del mundo islámico temprano.
Estos folis muestran el proceso de adaptación del nuevo poder omeya: continuaron un tipo monetario familiar para la población, pero poco a poco lo transformaron hasta que fue reemplazado por emisiones plenamente islámicas, con inscripciones árabes y sin iconografía figurativa. Representan, por tanto, un momento clave de continuidad y cambio en la historia monetaria del Mediterráneo oriental.
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