Edad Antigua

Llave

Bronce

36 MM - 5,44 Gramos

ET: 2575


Las llaves de la Antigüedad ya existían hace miles de años, y su diseño evolucionó desde mecanismos de madera hasta piezas de bronce y hierro cada vez más complejas. Las más antiguas conocidas proceden de Egipto y Mesopotamia, de hace unos 4.000 años, y eran grandes llaves de madera que se introducían en una cerradura también de madera, donde levantaban unas clavijas que mantenían el cerrojo trabado, un sistema que se considera el antepasado de la cerradura de pestillos. En Grecia se usó la llave de cerrojo con forma de hoz o de gancho, que se introducía por un orificio de la puerta y se manejaba desde fuera para correr el cerrojo interior, y que a menudo se llevaba al hombro por su gran tamaño, hasta el punto de que la llave fue símbolo de las sacerdotisas que custodiaban los templos. Los romanos perfeccionaron el sistema con llaves de bronce y hierro, de pequeño tamaño, con dientes o muescas que encajaban en cerraduras con paletones y resortes, y fabricaron también llaves-anillo para llevar en el dedo, lo que permitía guardar joyas, documentos y cofres sin cargar con una pieza voluminosa. Muchas tenían el ojo o la anilla para colgarlas de un cinturón o cordón, y las más decoradas incorporaban formas de animales o motivos geométricos, mientras que las cerraduras de cofres y arcones incluían a veces mecanismos de resorte que se accionaban al introducir la llave.

Edad Antigua - Llave de 36 MM

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Edad Antigua

Llave

Bronce

36 MM - 5,44 Gramos

ET: 2575


Las llaves de la Antigüedad ya existían hace miles de años, y su diseño evolucionó desde mecanismos de madera hasta piezas de bronce y hierro cada vez más complejas. Las más antiguas conocidas proceden de Egipto y Mesopotamia, de hace unos 4.000 años, y eran grandes llaves de madera que se introducían en una cerradura también de madera, donde levantaban unas clavijas que mantenían el cerrojo trabado, un sistema que se considera el antepasado de la cerradura de pestillos. En Grecia se usó la llave de cerrojo con forma de hoz o de gancho, que se introducía por un orificio de la puerta y se manejaba desde fuera para correr el cerrojo interior, y que a menudo se llevaba al hombro por su gran tamaño, hasta el punto de que la llave fue símbolo de las sacerdotisas que custodiaban los templos. Los romanos perfeccionaron el sistema con llaves de bronce y hierro, de pequeño tamaño, con dientes o muescas que encajaban en cerraduras con paletones y resortes, y fabricaron también llaves-anillo para llevar en el dedo, lo que permitía guardar joyas, documentos y cofres sin cargar con una pieza voluminosa. Muchas tenían el ojo o la anilla para colgarlas de un cinturón o cordón, y las más decoradas incorporaban formas de animales o motivos geométricos, mientras que las cerraduras de cofres y arcones incluían a veces mecanismos de resorte que se accionaban al introducir la llave.

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